Mis 15 preguntas sin respuesta, relacionadas con VIAJAR

(Muchas de ellas están relacionadas con cosas que me ocurren a mí cuando viajo, otras son reacciones de los demás que no entiendo y otras simplemente pasan y no sé muy bien porqué).

Allá van:

1 – ¿Por qué cuando llego a un aeropuerto me dedico a deambular de tienda en tienda del duty free si no tengo nada que comprar?

Lo lógico sería hacerlo por pasar el rato o por estirar un poco las piernas, pero lo mío es diferente. A mí me ocurre que cuando llego a un aeropuerto para un vuelo de conexión, después de haber estado 10 o 12 horas en un vuelo intercontinental sin haber podido pegar ojo, salgo por el finger como un zombi, localizo la nueva puerta de embarque y en lugar de aprovechar para descansar un rato esperando la nueva hora de salida, arrastro mi cuerpo agarradita a mi bolso de mano y me pongo a pasear por el duty free como si me dieran cuerda. De repente, me encuentro mirando precios de tabaco aunque no fumo, precios de los perfumes que conozco, empiezo a olisquear los que seguramente nunca me voy a comprar porque no me gustan, valoro si me compro un toblerone gigante y lo miro cual objeto de deseo que solo habita en los duty free, miro la tienda de los souvenirs por llevarme un recuerdo (de una ciudad en la que no he estado más que en su aeropuerto)… He llegado incluso a sentarme en un bar del aeropuerto a tomar una cerveza, aun teniendo el estómago a punto de eliminar como un surtidor toda la porquería ingerida minutos antes en el catering del avión. Para mí es como un fenómeno paranormal al que no le encuentro explicación.

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2 – ¿Por qué aunque sé que los asientos de ventanilla son los más incómodos para viajes largos,  (porque cada vez que tienes que ir al baño o simplemente necesitas estirar un poco las piernas, tienes que molestar a todos los que están en tu fila para que te dejen pasar),  cuando llega el momento del “check-in” siempre los elijo?

Mientras estoy en la fila en mi cabeza hay una voz  que me dice: “pide pasillo”,” pide pasillo” y de repente cuando me toca elegir, un ser que se apodera de mi voluntad  dice por mí: por favor, me podría dar asiento de ventanilla?  Pensaréis que eso no me pasaría si hiciese el check-in online. Pues tampoco da resultado, lo hago pensando en elegir asiento de pasillo y a la hora de la verdad me encuentro imprimiendo un asiento de ventanilla.  No lo puedo evitar.

 

3 – ¿Por qué casi nunca hago caso a los consejos que me dan?

Aunque me hayan dicho: no subas a la Estatua de la Libertad (es pesado y las vistas no merecen la pena); no subas a la Torre Eiffel (hay que hacer una cola tremenda y total hay mejores vistas desde la Torre de Montparnasse), … al final acabo subiendo a la Estatua de la Libertad y después de ascender por su interminable escalera de caracol, (estrecha, llena de gente, con unos peldaños en los que al final casi no cabe el pie), llego a la cumbre como si hubiese hecho algo que no ha hecho nunca nadie y me doy cuenta de que realmente tenían razón: las vistas no son nada buenas. O, por supuesto, acabo subiendo a la Torre Eiffel después de esperar dos interminables horas de fila, para llegar a la conclusión de que las vistas son espectaculares pero, que serían mejor si se viese la Torre Eiffel. Entonces decido que voy a subir también a la Torre de Montparnasse, para ver lo mismo pero con la Torre Eiffel de fondo. Son dos ejemplos, pero tengo un montón de consejos que he desoído.
Esto tampoco tiene explicación para mí, supongo que será el afán de no creerme nada que no haya experimentado yo.

4 – ¿Y por qué si no me creo nada que no haya experimentado yo, me encanta dar consejos a todo el que va a algún sitio que yo ya he visitado? ¿Por qué no me los ahorro pensando que van a hacer lo que quieran y no lo que yo les cuento que hice?

(Seguro que subirán a la Estatua de la Libertad en Nueva York, a la Torre Eiffel en París, … por mucho que yo les diga lo contrario).

 

5 – Por qué cuando ya estamos lo suficientemente lejos de casa como para no poder volver a comprobarlo, empezamos a preguntarnos: ¿hemos cerrado las ventanas, hemos cerrado con llave, hemos cortado el gas, …? Si ya no hay remedio, ¿para qué nos molestamos en hacer ese repaso mental?

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6 – ¿Por qué llevo mi equipaje lleno de “porsis”: por si llueve, por si hace calor, por si hace frío, por si hay que andar por zonas poco accesibles, por si me duele la cabeza, … y resulta que el día que los necesito me los he dejado dentro de la maleta en el hotel?

7 – ¿Por qué las habitaciones de los hoteles, cuando las veo en la web o en un catálogo, me parecen más grandes y más bonitas de lo que son realmente? ¿Y por qué siempre los hoteles están ubicados más lejos de lo que dicen? Yo creo que es porque sus cámaras de fotos hacen mejores fotos que las mías y cuando dicen “situado a 5 minutos del centro”, ellos van en avión supersónico y yo voy andando. Bromas aparte, lo que no entiendo es a quien pretenden engañar, hoy en día con la cantidad de información que se comparte en internet, es absurdo que no te muestren la realidad porque alguien lo hará por ellos.

8 – ¿Por qué cada vez que vuelvo de un viaje, me vuelvo a prometer que no voy a volver a hacer tantas fotos y sin embargo, en el siguiente aun hago más?

9 – ¿Y por qué cuando hago varias fotos para luego elegir la mejor, acabo no borrando ninguna porque todas me parecen dignas de existir?

10 – ¿Por qué hay objetos que en su país de origen me parecen exóticos y cuando llego, de repente y como si sufrieran una mutación, me doy cuenta de que no son exóticos sino feos y no les encuentro mejor lugar para exhibirlos que el trastero de mi casa? Y no solo eso, ¿por qué no aprendo la lección y vuelvo a hacer lo mismo en el siguiente viaje?

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11 – ¿Por qué recién subido a un avión, con tu cabecita todavía fresca, pensando en lo que te espera en tu siguiente destino, dispuesto a intentar pasar el tiempo de vuelo entretenido leyendo un ratito, mirando por la ventanilla (aunque no veas nada) o simplemente charlando un rato con tu acompañante, de repente llegan las azafatas con mucha prisa, reparten una “comida-cena” para todos y en cuanto terminas, recogen todo, dejan un tiempo prudencial para que todo el mundo haga fila para ir al baño y a continuación te obligan a bajar la ventanilla para que todos nos quedemos dormidos y así (en teoría) ayudarte a evitar el jet lag? Lo más surrealista de todo es que les obedecemos: la gente se acomoda en su asiento, muchos se descalzan y se ponen unos calcetines que en algunas ocasiones parecen hechos para cruzar el Himalaya, alguno saca de su kit de avión un antifaz y se lo pone, y alguien hasta se toma una pastilla contra el insomnio y comienza una “siesta-noche” a las 4 de tarde. Cuando veo todo esto, yo también me acomodo en el asiento, cierro los ojos y siento la misma resignación que sentía cuando era pequeña y mi madre me mandaba a la cama a pesar de mis protestas por no tener sueño. Y añado, que a pesar de su buena intención, siempre sufro durante un par de días los efectos del cambio de horario.

12 – ¿Por qué siempre que te sirven en el avión algún líquido o decides ir al baño, (después de una hora aguantando por no molestar a toda tu fila), se enciende el aviso de que hay que ponerse los cinturones y empiezan las turbulencias?

13 – Tampoco entiendo porque casi todos, por no decir todos los funcionarios de inmigración de los aeropuertos tienen cara de no tener ningún amigo, ¿no saben qué te pueden detener igual aunque te hayan dedicado una mínima sonrisa dos segundos antes de entregarles tu pasaporte?

14 – ¿Por qué la gente se pone pegada a la cinta de recogida del equipaje en los aeropuertos?
Todos tenemos ganas de recoger nuestras maletas y salir del aeropuerto, pero no por estar en primera fila tu maleta va a salir antes. La gente se convierte en una barrera infranqueable y por eso desde que tú ves la tuya aparecer, (con gran regocijo, por cierto), hasta que consigues saltar la barrera de la gente, es muy posible que tengas que dejar dar una segunda vuelta mientras intentas posicionarte tú para poder recogerla.

15 – Este año he tenido que añadir otra rareza a mi lista que también me ha dejado flipada: ¿Tan enganchada está la gente a Internet, que se tienen que sentar en el suelo de un baño, conectados a un enchufe y así permanecer abducidos durante su espera en el aeropuerto?  no levantan ni la vista, entras, dices hola y adiós y ni se percatan de tu existencia. Están como colgados en otra dimensión y desde luego mejor así, porque hay que echarle ganas, eh?. Yo normalmente en los baños no puedo estar más tiempo que el indispensable y desde luego no me parece el lugar mejor ambientado para pasar un rato delante del móvil, tablet, portátil o cualquier otro artilugio electrónico.

Si alguien quiere añadir alguna más de su cosecha, prometo hacer una segunda parte de esta entrada en mi blog con ellas y si os identificáis con alguna, también me lo podéis decir, me quedaré más tranquila sabiendo que no soy un bicho raro.

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2 respuestas a Mis 15 preguntas sin respuesta, relacionadas con VIAJAR

  1. Hola!! Me he muerto de risa con la máscara, debo decirte que es horrorosa!!! En serio, dónde la compraste y qué es??!! Yo comparto muchas cosas contigo, como llenar la mochila de “porsis” que luego no usas para nada o ir a sitios que te han dicho 1000 veces que no merecen la pena pero siempre piensas… bah! alomejor a mi sí me gusta!

    Un saludo!

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